Cuando pensamos en el cuidado de nuestro vehículo, normalmente prestamos atención al aceite, al combustible, los neumáticos o los frenos. Sin embargo, existe un componente que trabaja silenciosamente para mantener el motor en condiciones adecuadas de funcionamiento: el refrigerante.
Su función va mucho más allá de ayudar a controlar la temperatura. Un buen refrigerante también contribuye a proteger los componentes del sistema de enfriamiento frente a la corrosión y el desgaste prematuro, ayudando a conservar el buen funcionamiento del motor durante más tiempo.